Fragmento tomado del libro El mensaje del cisne negro, Ricardo González Corpancho, Ediciones Luciérnaga, Planeta España, 2024.
Los démones son citados en la literatura griega como entidades intermediarias entre los mortales y los dioses. Podrían accionar como protectores, pero en ocasiones cumplen el rol de mensajeros de algún peligro o fatalidad. Este concepto se mezcla y confunde con el Daimón de Sócrates, una voz de la consciencia o guía interior que en puntuales ocasiones acude para iluminar el juicio humano. Platón y Jenofonte, discípulos de Sócrates, hablan repetidamente de ello. Pero en el mito de Er, en La República, Platón concluye que más allá de estas intervenciones espirituales cada ser humano es responsable de su destino. Creo en esto último...
Existe una gran controversia para definir a las entidades daemónicas. Para unos, es un símbolo, un mensaje detrás del mito. Para otros, son consciencias de la naturaleza que emparentan con el misterio de los elementales. Pero la discusión también llevó a relacionarlos con acciones angélicas o de demonios, palabra que precisamente proviene de la expresión griega Daimón, aunque en este caso con connotaciones malignas. Hay que tener en cuenta que esta palabra tiene significados distintos según sea el contexto. Para los antiguos griegos, subrayo, Daimón no es una entidad maligna, sino un genio protector.
En resumen, para no pocos escépticos del contacto con seres extraterrestres los testigos estuvimos coqueteando con entidades daemónicas o juguetones seres feéricos...
Ciertamente ignoramos muchas manifestaciones del mundo espiritual. Desde luego que todo es posible. Pero esta hipótesis es insuficiente para explicar la complejidad de casos como el mío...
Haciendo frente al posible “engaño”, se cual fuere su naturaleza, debo remarcar que en treinta años de vivir estas experiencias “aquello” nunca supuso una consecuencia negativa en mi persona. El impacto y el desconcierto es natural cuando se enfrenta lo desconocido, pero más allá de eso la experiencia de contacto, en su esencia, ha sido positiva y transformadora. “Ellos” nunca me obligaron a nada. Siempre fueron respetuosos de mis decisiones. Tampoco mintieron. Se cumplió a rajatabla muchas cosas que anunciaron. Y no solo los vi yo, sino también otros testigos, y en repetidas ocasiones. Por si ello fuera poco, me han permitido invitar en ocho ocasiones a periodistas y reconocidos investigadores a “pruebas físicas”, los ya citados avistamientos con cita previa, que han sido fotografiados y filmados (hablo detalladamente de esto en mis anteriores libros). En los repetidos viajes y expediciones alrededor del mundo, inspirados por los mensajes de “ellos”, nunca, pero nunca, nos ocurrió algo grave. Al contrario, una “mano invisible” nos ayudaba en situaciones increíbles para superar todo tipo de contratiempos. Nadie se volvió “loco” ni se enfermó por esto. Más bien hubo numerosos casos de curaciones extraordinarias. Y no ocurrió por nuestra “fe en los extraterrestres”...
“Necesitan un buen psicólogo o mejor algún psiquiatra”, dicen, con desprecio, los negacionistas...
En nuestro actual equipo de trabajo hay varios psicólogos y psiquiatras que también están teniendo contacto con “ellos”...
Pilotos, militares, científicos, periodistas, sociólogos, escritores, artistas, también forman parte de nuestras experiencias.
No somos, pues, una panda de analfabetos y crédulos de los marcianitos verdes. “Algo” extraordinario y real nos sucedió, aunque esto incomode e irrite a los detractores de turno.
Es muy fácil sugerir que fuimos burlados y engañados por entidades espirituales desconocidas. Tampoco creo que hayamos creado un falso contacto por culpa de nuestra psique, como una suerte de Tulpa tibetano —un ser u objeto materializado mediante poderes mentales—. Si es así de fácil, me gustaría “crear” que Perú gane el mundial de fútbol...
Disculpe el lector la ironía.
Ahora bien, dicho todo esto, sí estoy de acuerdo en que los encuentros cercanos tienen un importante componente psíquico que nos obliga a considerar el espacio interior más que a las entidades del espacio exterior que nos estarían contactando. Desde el inicio estos seres aseguraron que al final comprenderíamos que el verdadero “encuentro cercano” que necesitábamos tener no era con “ellos”, sino con nosotros mismos. Creo que allí está el corazón del mensaje...