Fragmento tomado del libro El portal cósmico de Orión (nueva edición 2026, Tesseractum Editorial), de Ricardo González Corpancho.
Volvamos a los antiguos registros de la Tierra. Uno de los manuscritos más largos y completos del extraordinario hallazgo del Mar Muerto, habla de una guerra entre “Los Hijos de la Luz y los Hijos de las Tinieblas”. Lo intrigante es que el manuscrito, escrito por los esenios hace más de 2.000 años, no sólo anticipa una guerra de humanos, sino que seres divinos se involucrarán en un enfrentamiento contra la mismísima oscuridad:
“Los Hijos de la Luz lucharán contra los Hijos de las Tinieblas con una demostración de poderío divino, en medio de un estrepitoso tumulto, en medio de los gritos de dioses y hombres ”.
El pasaje proviene del Rollo de la Guerra (designado 1QM en la clasificación arqueológica de Qumrán), y más allá de su amplio significado simbólico, alude claramente a un enfrentamiento final en donde humanos y “ángeles” están involucrados. ¿Por qué los humanos estamos en medio de estas disputas de los “dioses”?
Según el milenario Mahabharata, un largo texto épico y “mitológico” de la India, hubo una feroz batalla de “dioses” en el cielo. No por casualidad el título de esta monumental obra de cien mil versos significa “la gran guerra”. Un pasaje de su libro 3 afirma:
“Entonces, oh señor, tras inclinarme con reverencia ante los más excelsos de los celestiales, acepté debidamente aquellas poderosas armas. Y entonces me reconocieron como uno de los suyos. Después, los dioses regresaron al lugar de donde habían venido. Y aquel señor de los celestiales, el divino Maghavan, habiendo ascendido también en su glorioso carro, dijo: ‘Oh Phalguna, debes dirigirte a la región celestial… Entonces yo, oh el mejor de los Bharatas, me habré manifestado ante ti… A mi orden, Matali te llevará a las regiones celestiales”.
Otra de las “deidades” más citadas en los antiguos textos de la India es Indra, que combatió desde su vehículo aéreo a los malignos asuras que se ocultaban en sus “nubes fortalezas”. Los himnos del Rig Veda, que se remontan a 3.500 años de antigüedad, relatan:
“Tú avanzas de combate en combate intrépidamente, destruyendo castillo tras castillo con tu fuerza. Tú Indra, con tu amigo, que hace que el enemigo se doblegue, redujiste desde lejos al astuto Namuchi. Tú que diste muerte a Vṛtra... Tú que has destruido las cien ciudades de Vangrida. Las crestas del noble cielo sacudiste cuando tú, atrevido, por ti mismo heriste a Sambara”.
En los textos hindúes también se puede leer que Maia, otra curiosa “deidad”, construyó un gran habitáculo de metal que fue trasladado al cielo. Cada una de las “divinidades” ―seguiré abusando de las comillas, que mis razones tengo―, como Indra, Yama, Varuna, Kuvera y Brama, disponía de uno de estos aparatos metálicos y voladores, los ya citados Vimanas.
La palabra Vimana (विमान) proviene del sánscrito y literalmente significa “vehículo aéreo”, pero otras traducciones también lo definen como “lo que mide el espacio”, ya que etimológicamente se compone de Vi = “atravesar, diferenciar, moverse aparte”, y Mana = “medida” o “mente”. En los textos más antiguos, como el Rig Veda y el Atharva Veda, Vimana designa tanto un palacio celestial o carro divino como, posteriormente, un vehículo volador de los “dioses”.
El texto más famoso y controvertido sobre estos vehículos voladores es el Vaimānika Shāstra, atribuido a Maharshi Bharadwaja. Según esta información, basada o inspirada en las primeras fuentes de la India, los Vimanas estaban hechos de aleaciones metálicas especiales (tripura, tamogarbha, etc.), usaban energías solares, mercuriales o de rayos, poseían propulsores giratorios, espejos para invisibilidad, sistemas de climatización y pantallas antideslumbrantes…
El Vaimānika Shāstra describe cuatro tipos principales:
Shakuna Vimana (forma de pájaro).
Rukma Vimana (forma de disco o campana).
Tripura Vimana (estructura triple: aérea, acuática y terrestre).
Sundara Vimana (el más amplio y con compartimientos interiores, usado por los “dioses mayores”).
Aquí debo aclarar que para las fuentes académicas los Vimanas no están tipificados con nombres técnicos. Se describen según su propietario o función divina, no por su forma. Por ejemplo:
Pushpaka Vimana es el vehículo de Kubera, luego usado por Ravana y Rama.
Tripura Vimana es la “ciudad voladora” de los asuras, destruida por Shiva.
Sabha Vimana es el palacio flotante de Indra.
Sundara Vimana es la estructura radiante, símbolo del plano celestial más alto.

Recreación realizada con IA.
Como fuese, desde donde sea que escrutemos este asunto, la polémica está servida.
¿Estamos solo ante metáforas religiosas y literarias de la antigua India? ¿Complejas alegorías que representan la ascensión hacia el poder divino, como el caso de la “nave” de Pakal?
A la luz de otros relatos semejantes en el mundo, creo que no todo es simbólico…