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Doctor J. Allen Hynek.
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Historia Ignorada / Julio 2026
La pirámide perdida de Thot

Fragmento tomado del libro El portal cósmico de Orión (nueva edición 2026, Tesseractum Editorial), de Ricardo González Corpancho.

 

A 16 kilómetros al sur de la Gran Pirámide, se levanta la misteriosa necrópolis de Saqqara. Se afirma que en este yacimiento ―aun con muchos secretos por revelar―, se encontraría el cuerpo del legendario arquitecto Imhotep, quien habría sido sumo sacerdote de Heliopolis, el centro religioso más importante del Antiguo Egipto. Incluso, no pocos investigadores se han permitido asociar a este enigmático personaje con la figura de Thot, una “deidad” que ahora desmenuzaré.

En esta zona arqueológica, no tan popular para el público como las tres pirámides de Guiza, se encuentra una de las más antiguas construcciones de Egipto ―siempre siguiendo los datos que esgrime la arqueología oficial―. Se trata de la pirámide escalonada de Netjerykhet Djoser, supuestamente construida algún tiempo después del año 2630 a. C.  Se la considera la primera pirámide de la historia de Egipto y la estructura en piedra más antigua del mundo en sus dimensiones ―con permiso de las pirámides de Caral, en Perú, plataformas escalonadas de uso ceremonial que tienen una antigüedad estimada de 5.000 años―. El ya citado Imhotep habría sido el sabio constructor de esta importante pirámide en Saqqara. No en vano, 2.400 años después el historiador Manetón ―a quién volveré a citar líneas más adelante― le describió como “el inventor del arte de construir con piedra tallada”. ¿Estamos ante la mítica pirámide perdida de Thot que defiende el esoterismo y la tradición oral tardía?

 

Thot, cuyo nombre egipcio original era Djehuty (también transcrito como Djehuti o Tehuti), es una de las deidades más antiguas y complejas del panteón egipcio. La etimología exacta de su nombre continúa siendo objeto de debate, aunque suele vincularse con la noción de “el que mide” o “el que ordena”. A Thot se le atribuye la invención de las ciencias sagradas del Antiguo Egipto, la escritura jeroglífica, el calendario y las leyes cósmicas; y, en la tradición esotérica tardía, también la transmisión del conocimiento que habría hecho posible la arquitectura monumental, incluidas las pirámides. En el mundo helenístico fue identificado con Hermes, dando origen a la figura sincrética de Hermes Trismegisto, “el Tres Veces Grande”(*).

Desde los primeros textos del Egipto faraónico, Thot aparece como una figura difícil de encerrar en una definición única. No es, pues, un dios guerrero ni un soberano del panteón, sino algo más sutil y, por ello mismo, más poderoso: el principio del conocimiento, la inteligencia que ordena el caos, el escriba divino que fija con la palabra aquello que, de otro modo, se disolvería en el tiempo. Thot es quien mide, quien calcula, quien escribe; el custodio de los nombres verdaderos, de las leyes cósmicas y de la memoria primordial…

Imhotep, en cambio, no nace como un dios, sino como hombre. Visir del faraón Djoser, arquitecto, sacerdote, médico y astrónomo, su figura emerge con nitidez en la III Dinastía como la de un sabio excepcional. Sin embargo, algo singular ocurre con Imhotep: a diferencia de otros funcionarios ilustres, su memoria no se diluye con el paso de los siglos. Por el contrario, crece, se amplifica, se transfigura. Con el tiempo, Imhotep deja de ser solo un hombre para convertirse en un intermediario entre lo humano y lo divino.

En el Egipto tardío, Imhotep es venerado como sanador, invocado en templos, asociado a la escritura, al saber médico y a la sabiduría ancestral. Los griegos, al llegar, no dudan en identificarlo con Asclepio. Y en el plano simbólico, muchos de sus atributos comienzan a superponerse con los de Thot. ¿Estamos ante dos personajes distintos que se complementan de algún modo?

Thot representa el conocimiento en su estado cósmico; Imhotep, ese mismo conocimiento encarnado. Es en este punto donde la tradición esotérica comienza a hablar de una supuesta pirámide perdida de Thot. No aparece como tal en los textos oficiales, pero persiste como eco en fuentes herméticas, relatos tardíos y tradiciones orales: un lugar donde el conocimiento primordial habría sido preservado, ocultado o sellado para futuras generaciones. Un depósito de sabiduría anterior a las dinastías, vinculado a la escritura sagrada y al orden del mundo. No por casualidad, los Textos de las Pirámides que aluden al viaje del alma hacia Orión, se hallan en Saqqara…

Volviendo a la pirámide escalonada de Saqqara diseñada por Imhotep, esta no se trata de una pirámide “clásica”, sino de una estructura que parece crecer por capas, como un conocimiento que se eleva gradualmente. El complejo no fue concebido solo como tumba, sino como un auténtico espacio ritual, iniciático y simbólico, atravesado por patios, templos, corredores y un vasto sistema subterráneo cuya función aún hoy no se comprende del todo…

Saqqara, pues, no es solo piedra: es geometría aplicada, palabra hecha arquitectura. Y eso es, precisamente, el dominio de Thot.

Desde esta perspectiva, la “pirámide perdida” no tendría por qué ser un monumento desconocido enterrado bajo la arena. Podría tratarse de algo más sutil: una transposición simbólica. El conocimiento de Thot, transmitido y traducido por Imhotep, habría quedado fijado en la primera gran obra de piedra del mundo. No como un archivo literal de textos secretos, sino como un acto fundacional, un gesto de orden que replicaba en la Tierra la arquitectura del cosmos.

Tal vez, con el paso de los siglos ese significado se fue perdiendo. Así, la pirámide permaneció visible, intacta, monumental… y sin embargo, “perdida” en su sentido profundo. No por destrucción, sino por olvido.

En este marco, Saqqara no sería la pirámide de Imhotep-Thot en un sentido literal, pero sí su huella más concreta, el punto donde el mito, la historia y la geometría se tocan.

Quizás la pirámide de Thot nunca estuvo perdida bajo la arena.

Quizás estuvo ―y sigue estando― a la vista de todos, esperando que alguien recuerde cómo leerla…

 

* Enciclopedia Británica, s.v. “Hermes Trismegistus”, describe a esta figura como la identificación helenística del dios egipcio Thot (Djehuty), deidad asociada a la escritura, la medición, el conocimiento sagrado y las leyes cósmicas. Véase también P. Boylan, Thoth, the Hermes of Egypt (Oxford University Press, 1922), donde se analiza la evolución del culto a Thot y su progresiva asimilación con Hermes en el mundo grecorromano.

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